sexta-feira, 27 de janeiro de 2017
quarta-feira, 18 de janeiro de 2017
Nicanor Parra: Hay un día feliz
A
recorrer me dediqué esta tarde
Las solitarias calles de mi aldea
Acompañado por el buen crepúsculo
Que es el único amigo que me queda.
Todo está como entonces, el otoño
Y su difusa lámpara de niebla,
Sólo que el tiempo lo ha invadido todo
Con su pálido manto de tristeza.
Nunca pensé, creédmelo, un instante
Volver a ver esta querida tierra,
Pero ahora que he vuelto no comprendo
Cómo pude alejarme de su puerta.
Nada ha cambiado, ni sus casas blancas
Ni sus viejos portones de madera.
Todo está en su lugar; las golondrinas
En la torre más alta de la iglesia;
El caracol en el jardín, y el musgo
En las húmedas manos de las piedras.
No se puede dudar, éste es el reino
Del cielo azul y de las hojas secas
En donde todo y cada cosa tiene
Su singular y plácida leyenda:
Hasta en la propia sombra reconozco
La mirada celeste de mi abuela.
Estos fueron los hechos memorables
Que presenció mi juventud primera,
El correo en la esquina de la plaza
Y la humedad en las murallas viejas.
¡Buena cosa, Dios mío!; nunca sabe
Uno apreciar la dicha verdadera,
Cuando la imaginamos más lejana
Es justamente cuando está más cerca.
Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice
Que la vida no es más que una quimera;
Una ilusión, un sueño sin orillas,
Una pequeña nube pasajera.
Vamos por partes, no sé bien qué digo,
La emoción se me sube a la cabeza.
Como ya era la hora del silencio
Cuando emprendí mi singular empresa,
Una tras otra, en oleaje mudo,
Al establo volvían las ovejas.
Las saludé personalmente a todas
Y cuando estuve frente a la arboleda
Que alimenta el oído del viajero
Con su inefable música secreta
Recordé el mar y enumeré las hojas
En homenaje a mis hermanas muertas.
Perfectamente bien. Seguí mi viaje
Como quien de la vida nada espera.
Pasé frente a la rueda del molino,
Me detuve delante de una tienda:
El olor del café siempre es el mismo,
Siempre la misma luna en mi cabeza;
Entre el río de entonces y el de ahora
No distingo ninguna diferencia.
Lo reconozco bien, éste es el árbol
Que mi padre plantó frente a la puerta
(Ilustre padre que en sus buenos tiempos
Fuera mejor que una ventana abierta).
Yo me atrevo a afirmar que su conducta
Era un trasunto fiel de la Edad Media
Cuando el perro dormía dulcemente
Bajo el ángulo recto de una estrella.
A estas alturas siento que me envuelve
El delicado olor de las violetas
Que mi amorosa madre cultivaba
Para curar la tos y la tristeza.
Cuánto tiempo ha pasado desde entonces
No podría decirlo con certeza;
Todo está igual, seguramente,
El vino y el ruiseñor encima de la mesa,
Mis hermanos menores a esta hora
Deben venir de vuelta de la escuela:
¡Sólo que el tiempo lo ha borrado todo
Como una blanca tempestad de arena!
Las solitarias calles de mi aldea
Acompañado por el buen crepúsculo
Que es el único amigo que me queda.
Todo está como entonces, el otoño
Y su difusa lámpara de niebla,
Sólo que el tiempo lo ha invadido todo
Con su pálido manto de tristeza.
Nunca pensé, creédmelo, un instante
Volver a ver esta querida tierra,
Pero ahora que he vuelto no comprendo
Cómo pude alejarme de su puerta.
Nada ha cambiado, ni sus casas blancas
Ni sus viejos portones de madera.
Todo está en su lugar; las golondrinas
En la torre más alta de la iglesia;
El caracol en el jardín, y el musgo
En las húmedas manos de las piedras.
No se puede dudar, éste es el reino
Del cielo azul y de las hojas secas
En donde todo y cada cosa tiene
Su singular y plácida leyenda:
Hasta en la propia sombra reconozco
La mirada celeste de mi abuela.
Estos fueron los hechos memorables
Que presenció mi juventud primera,
El correo en la esquina de la plaza
Y la humedad en las murallas viejas.
¡Buena cosa, Dios mío!; nunca sabe
Uno apreciar la dicha verdadera,
Cuando la imaginamos más lejana
Es justamente cuando está más cerca.
Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice
Que la vida no es más que una quimera;
Una ilusión, un sueño sin orillas,
Una pequeña nube pasajera.
Vamos por partes, no sé bien qué digo,
La emoción se me sube a la cabeza.
Como ya era la hora del silencio
Cuando emprendí mi singular empresa,
Una tras otra, en oleaje mudo,
Al establo volvían las ovejas.
Las saludé personalmente a todas
Y cuando estuve frente a la arboleda
Que alimenta el oído del viajero
Con su inefable música secreta
Recordé el mar y enumeré las hojas
En homenaje a mis hermanas muertas.
Perfectamente bien. Seguí mi viaje
Como quien de la vida nada espera.
Pasé frente a la rueda del molino,
Me detuve delante de una tienda:
El olor del café siempre es el mismo,
Siempre la misma luna en mi cabeza;
Entre el río de entonces y el de ahora
No distingo ninguna diferencia.
Lo reconozco bien, éste es el árbol
Que mi padre plantó frente a la puerta
(Ilustre padre que en sus buenos tiempos
Fuera mejor que una ventana abierta).
Yo me atrevo a afirmar que su conducta
Era un trasunto fiel de la Edad Media
Cuando el perro dormía dulcemente
Bajo el ángulo recto de una estrella.
A estas alturas siento que me envuelve
El delicado olor de las violetas
Que mi amorosa madre cultivaba
Para curar la tos y la tristeza.
Cuánto tiempo ha pasado desde entonces
No podría decirlo con certeza;
Todo está igual, seguramente,
El vino y el ruiseñor encima de la mesa,
Mis hermanos menores a esta hora
Deben venir de vuelta de la escuela:
¡Sólo que el tiempo lo ha borrado todo
Como una blanca tempestad de arena!
Nicanor Parra
Federico García Lorca: Soneto de la dulce queja
Tengo miedo a perder la maravilla
de
tus ojos de estatua y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.
Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas; y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.
Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,
no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.
Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas; y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.
Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,
no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.
Federico García Lorca.
Enrique Núñez: Cubagua
Las ciudades se
levantan sobre las selvas y éstas cubren después las ciudades, se
elevan unas sobre otras constantemente o el mar forma costas novas.
Aparecen unas ruinas o unas rocas donde se han tallado algunos signos
y nadie supone cuándo fueron escritos. Son historias, historias. Hay
cedros y ceibas, cardones, malezas y lianas que encubren el pasado, y
hay cielo azul: deseo, lágrimas.
quarta-feira, 28 de dezembro de 2016
O Desenhador de Sóis IV. (Poema de Vida)
A
vida irrompe, brota nos teus olhos. O poema é uma coisa que treme,
uma coisa quente, fechada entre as mãos, em concha, uma coisa viva
que é urgente soltar (Uma nascente de pássaros). As palavras vêm
em ondas de fogo. A sua vibração quente e segura. O seu silêncio
mágico. Há um canto muito antigo, um nadador que atravessa o sol a
nado, os seus braços, de nervo e fogo; vistos a esta luz, (visto
sempre de cima) tudo é um poema de vida, como a voz humana, o
canto, a dança, os beijos, o sol. Tudo aqui é fogo. Poema de Vida.
Batimento. Canto. Sopro. Somos intermináveis. Intermináveis e
belos. Sabemos, como toda a nascente, o nosso caminho. Sabemos com o
coração, que não param nunca de se misturarem as águas, que elas
cruzam os seus fogos, que nos dão as coisas pequenas, o milagre das
coisas pequenas, (os grãos de areia, os poemas de amor). Não
esquecer essa força primeira: (O silêncio do abraço mais puro, o
coração das árvores antigas). Viver é um movimento de liberdade
nunca acabado. Viver é um canto do fogo. Os poemas vêm com as suas
ondas. O seu sopro quente. O seu sopro primeiro. (Nascente) Só ver a
vida como poema de vida. Impessoal. Quente. Honesta. Ela ganha
sempre. Duas meninas arménias dão as mãos numa praia de luz. As
ondas e a sua música. O coração e as células em dança. O fogo. O
seu silêncio mineral. A nossa terra treme à passagem de tantos
colossos, há um canto das montanhas, há um canto dos desertos, o
mar noturno também canta, cantam e riem os olhos, as mãos, os
braços, pernas entrelaçados. As fontes cantam. Os rios cantam. No
fundo tudo isto pode ser um símbolo da nossa esperança. Tudo isto é
um símbolo da nossa esperança, (Um só símbolo para a vida. Um só
canto de fogo). Único, Primordial, Eterno. Nadamos
juntos em direção à nascente de tudo, a corrente segura de um
canto Antigo: os braços em bruços. Potentes, Perfeitos: Os
Olhos. As Mãos. O Coração... O
seu silêncio branco:
(Nascente) … (Nascente) ... (Nascente).
Nuno Brito. 28 de Dezembro de 2016.
O Desenhador de Sóis. II. (Nascente)
A vida trabalha
impessoal, quente, honesta. A mais honesta. O Coração da Baleia, o Coração do
Cavalo, o elétrico Coração do Pirilampo. A Vida trabalha com os seus fogos.
Podemos falar com deus enquanto a vida trabalha com os seus fogos. É uma
explosão de luz dentro de cada célula (Nascente). Mãos, braços, dedos, cabelos,
pontas acesas de vida. Como o baixar a cabeça de um remador, vamos juntos em
direção à nascente de tudo. Remamos com sinceridade. O céu está claro, branco,
brilhante. E dizemos com sinceridade:
A minha cara é de
todo o mundo, a luz que bate na minha cara é a mesma que bate em todos, e esta
luz pulsa, segura, viva como uma canção muito antiga; o poderoso silêncio do
sol dobrado no meu coração (Nascente). O potente silêncio do sol a arder no meu
coração. Inteiro, Invencível, Eterno. Somos tantos homens e mulheres com as
suas mãos quentes. O fogo na linha da vida como uma certeza antiga. Desenhamos
uma luz que é também caminho e vamos juntos em direção à nascente de tudo. Se a
vida é um jogo, ela só nos permite a vitória, e essa vontade de rir, tão
profunda e quente, de todas as coisas. Ela é colossal e gigante e bela. Agora
mesmo um louva-a-deus na nossa janela. Perguntamo-nos se ele vai mudar de pele,
se ele criou aí o seu ninho, se vai ter um filho? É verde e quando vira a
cabeça para nós parece um extraterrestre. É belo. Leva três dias ali. Penso na
fonte de tudo, penso com amor na fonte de tudo e bendigo o bem deste caminho.
Comunico um batimento antigo (uma chama tão perfeita), um estremecimento de
prazer. A mensagem que quero deixar é tão pura que todas as células se riam,
todas elas vibram, todas elas cruzam os seus fogos. A nascente jorra, múltipla,
sincera, infinita. Viva, a nascente flui o seu prazer puro, a sua vibração
eterna. Penso nessa fonte, no doce nascimento do sol. No louva-a-deus que nos
olha com uma sabedoria mineral, uma sabedoria de árvore que pode mover os seus
ramos, devagar, extremamente devagar. As suas patas compridas, o seu lento
virar da cabeça perfeito. De agora em diante movemo-nos rápidos, em ondas, e
vemos tudo mergulhado em sonho. A nossa vida inteira é uma onda (assim nos deve
ver o louva-a-deus) assim nos deve ver um girassol com o seu levantar a cabeça
paciente de remador antigo. De agora em diante seremos felizes como o centro de
um girassol, a sua seiva quente, doseada, prolongada e vital; como o leite
gordo de baleia. De agora em diante a nossa sabedoria (de louva-a-deus) será
esse virar a cabeça seguro e humilde como o centro de um cacto. De agora em
diante o nosso corpo virará as suas patas para o céu e os nossos olhos
espelharão algo grande, colossal e perfeito como estas montanhas ao fim da
tarde.
Nuno Brito
O Desenhador de Sóis V.
Uma
abelha traz um girassol (futuro),
uma vida traz outra vida
e
um marinheiro são sempre dois marinheiros.
Talvez
toda a poesia queira só dizer como tudo é outra coisa,
e
todas as sementes
tragam
só o seu regresso ao sol
talvez
usemos um só símbolo
para dizer como tudo está vivo,
Talvez
os poemas sobre barcos sejam, de longe, os mais honestos.
Subscrever:
Mensagens (Atom)
