sexta-feira, 7 de fevereiro de 2014

César Aira


 (... ) Ya dije que el color y la textura de los gusanos era lo más llamativo en ellos. Fue lo que me dió la punta del ovillo de la explicacíon. Porque esse color, esse azul brillante tan peculiar, ya desde el primer momento me había hecho pensar en el color de la célula de Carlos Fuentes que me había traído la avispa… Aunque cuando lo vi en la célula no me evocó lo que me evocava ahora, al verlo extendido en vastas superficies ondulantes. Ahora compreendía que yo había visto ese color en outra parte, y lo había visto en el mismo día de la captura de la célula, una semana atrás. Adónde? En la corbata que lucía ese día Carlos Fuentes! Una espléndida corbata de seda natural  italiana, sobre una inmaculada camisa blanca … y el traje gris claro … (un recuerdo atraía al outro, hasta completar el cuadro ). Y la magnitude del error se me hacía patente com una evidencia horrenda. La avispa me había traído una célula de la corbata de Carlos Fuentes, no de su cuerpo ! Un gemido escapó de mis lábios:
- Avispa pelotuda y la reputísima madre que te parió!
- Eh? – Dijo Nelly sorprendida.
- No, no me hagas caso, yo me entendo.
En realidade no podía culparla. Toda la culpa era mía. Cómo iba a saber esse pobre instrumento clónico descartable donde terminaba el hombre y empezaba su ropa? Para ella era todo lo mismo, era todo Carlos Fuentes.


César Aira, El congresso de Literatura, Era, México D.F., 2004.

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